En un abrazo infinito...
Encontré en la red lo que hubiera escuchado el jueves 14 de mayo en Yuriria, de haber asistido físicamente. Además de los recuerdos que gratamente llevaré por siempre en mi corazón, me tomo la libertad de conservar a través de esta memoria digital, las palabras dedicadas a mi tío, mismas que tomo literalmente de:
http://www.agustinosnet.org.mx/Biblioteca/articulos_agustinos/pascua_p_arroyo.html
“La pascua” del Padre Arroyo
En el panorama pascual del presente año, y en el ambiente Agustiniano de esta ciudad de Yuriria, hemos de despedir a un hermano nuestro a la casa del Padre, en donde esperamos que continúe celebrando la pascua eterna.
Saludo en primer lugar a los excelentísimos señores obispos, Don Carlos Suárez y Salvador Rangel, a quienes agradecemos su presencia entre nosotros, para despedir a Fr. Nicolás Arroyo Guzmán que dejó de existir el día de ayer. Saludo enseguida a los religiosos Agustinos de la provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, presididos ahora por el Padre Provincial Ramón del Río. Saludo también a los familiares y amigos del Padre Arroyo y a los fieles de esta noble ciudad de Yuriria, en la que el Padre Nicolás era párroco y prior.
El Padre Arroyo, a sus escasos 56 años de edad, fue llamado a la casa del Padre misericordioso, en la madrugada del miércoles 13 del presente año. Originario de la actual parroquia de Moroleón Gto., de la comunidad de Cuanamuco, llega a la vida el día 9 de julio del año 1953, a la primera profesión religiosa el día 28 de agosto de 1975, a la solemne, el día 10 del mismo agosto en el año de 1980, y al sacerdocio, el día 6 de octubre de 1983. A sus escasos 26 años de sacerdote, perteneció a las comunidades Agustinianas de Aguascalientes, Salamanca, Morelia y por último Yuriria. Pronto se destino a la docencia en Aguascalientes y Salamanca, para que después de pasar un corto tiempo en la comunidad de Morelia, recibiera el priorato y parroquia de la comunidad de San Pablo Apóstol de Yuriria.
Tres referencias oportunas van a marcar esta partida de entre nosotros: La pascua florida, el año jubilar Paulino y la celebración antigua de Nuestra Señora del Socorro, sustituida ahora por Nuestra Señora del Rosario de Fátima. El Padre Arroyo Guzmán de nuestra cultura del sur del Bajío, nació y vivió en una familia que con mentalidad Agustiniana le puso el nombre de Nicolás, inspirado indudablemente en San Nicolás de Tolentino bajo cuyo patrocinio nació y ha vivido nuestra provincia Agustiniana de Michoacán aparecida en el pueblo de Ucareo del mismo estado. Dicen que Nicolás significa: El que reporta victorias con el pueblo. Si vemos este nombre en los dos San Nicolás que conocemos más, de Bari y Tolentino, es verdad que fueron grandes victoriosos con nuestra Iglesia Católica. Bajo este nombre, espero que el Padre Arroyo haya reportado la victoria de la bienaventuranza.
Quiero iluminar esta oración fúnebre, con una luz Cristiana Agustiniana: La visión de la pascua en San Agustín. En su sermón 168-1, completa y exalta nuestro Santo la frase litúrgica síntesis de nuestra pascua: “Este es el día que hizo el Señor”, “Más sublime que todos y más luminoso que todos; en el cual el Señor ha resucitado y se ha conquistado para sí, un nuevo pueblo”. Este pueblo en el que ahora está reunida esta comunidad despidiendo al Padre Nicolás, es el continuador del pueblo en el que los Agustinos (con un calificativo de levítica, ciudad de Yuriria) reportaron la victoria del Cristianismo, al bautizar a los dos primeros convertidos del lugar, y a quienes dieron los nombres de Juan y María y que la tradición y la historia entregaron esos mismos nombres a dos ahuehuetes que existen todavía, aunque secos ahora, han sido llamados respectivamente Juan trombón y María Patueca.
Padre Arroyo: No te queremos decir adiós por que creemos que no te vas del misterio del reino, sino que en otra dimensión, te decimos hasta luego. Solamente que completaste los senderos que nuestros antepasados han recorrido, muchos de los cuales como tú ahora, bajo estas centenarias bóvedas, recibieron el mismo “Hasta luego”. Jesús a quién has seguido, hoy te dice:”Ven bendito de mi Padre ha poseer el reino”. María del Socorro, a quién durante casi unos mil días viste en esta ilustre e insigne imagen, te dice ahora: “Entra en el reino de mi Hijo”. San Agustín cuya figura señera siempre observaste en este templo, hoy te dice también: “Un solo corazón y una sola alma”, unidad que ahora espero hayas visto y encontrado en la única mansión eterna. ¡Que el Dios de nuestros Padres, el Dios de misericordia que hemos conocido y honrado por Cristo, te acepte en la casa en la que esperamos vernos en un abrazo definitivo!.
Encontré en la red lo que hubiera escuchado el jueves 14 de mayo en Yuriria, de haber asistido físicamente. Además de los recuerdos que gratamente llevaré por siempre en mi corazón, me tomo la libertad de conservar a través de esta memoria digital, las palabras dedicadas a mi tío, mismas que tomo literalmente de:
http://www.agustinosnet.org.mx/Biblioteca/articulos_agustinos/pascua_p_arroyo.html
“La pascua” del Padre Arroyo
En el panorama pascual del presente año, y en el ambiente Agustiniano de esta ciudad de Yuriria, hemos de despedir a un hermano nuestro a la casa del Padre, en donde esperamos que continúe celebrando la pascua eterna.
Saludo en primer lugar a los excelentísimos señores obispos, Don Carlos Suárez y Salvador Rangel, a quienes agradecemos su presencia entre nosotros, para despedir a Fr. Nicolás Arroyo Guzmán que dejó de existir el día de ayer. Saludo enseguida a los religiosos Agustinos de la provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, presididos ahora por el Padre Provincial Ramón del Río. Saludo también a los familiares y amigos del Padre Arroyo y a los fieles de esta noble ciudad de Yuriria, en la que el Padre Nicolás era párroco y prior.
El Padre Arroyo, a sus escasos 56 años de edad, fue llamado a la casa del Padre misericordioso, en la madrugada del miércoles 13 del presente año. Originario de la actual parroquia de Moroleón Gto., de la comunidad de Cuanamuco, llega a la vida el día 9 de julio del año 1953, a la primera profesión religiosa el día 28 de agosto de 1975, a la solemne, el día 10 del mismo agosto en el año de 1980, y al sacerdocio, el día 6 de octubre de 1983. A sus escasos 26 años de sacerdote, perteneció a las comunidades Agustinianas de Aguascalientes, Salamanca, Morelia y por último Yuriria. Pronto se destino a la docencia en Aguascalientes y Salamanca, para que después de pasar un corto tiempo en la comunidad de Morelia, recibiera el priorato y parroquia de la comunidad de San Pablo Apóstol de Yuriria.
Tres referencias oportunas van a marcar esta partida de entre nosotros: La pascua florida, el año jubilar Paulino y la celebración antigua de Nuestra Señora del Socorro, sustituida ahora por Nuestra Señora del Rosario de Fátima. El Padre Arroyo Guzmán de nuestra cultura del sur del Bajío, nació y vivió en una familia que con mentalidad Agustiniana le puso el nombre de Nicolás, inspirado indudablemente en San Nicolás de Tolentino bajo cuyo patrocinio nació y ha vivido nuestra provincia Agustiniana de Michoacán aparecida en el pueblo de Ucareo del mismo estado. Dicen que Nicolás significa: El que reporta victorias con el pueblo. Si vemos este nombre en los dos San Nicolás que conocemos más, de Bari y Tolentino, es verdad que fueron grandes victoriosos con nuestra Iglesia Católica. Bajo este nombre, espero que el Padre Arroyo haya reportado la victoria de la bienaventuranza.
Quiero iluminar esta oración fúnebre, con una luz Cristiana Agustiniana: La visión de la pascua en San Agustín. En su sermón 168-1, completa y exalta nuestro Santo la frase litúrgica síntesis de nuestra pascua: “Este es el día que hizo el Señor”, “Más sublime que todos y más luminoso que todos; en el cual el Señor ha resucitado y se ha conquistado para sí, un nuevo pueblo”. Este pueblo en el que ahora está reunida esta comunidad despidiendo al Padre Nicolás, es el continuador del pueblo en el que los Agustinos (con un calificativo de levítica, ciudad de Yuriria) reportaron la victoria del Cristianismo, al bautizar a los dos primeros convertidos del lugar, y a quienes dieron los nombres de Juan y María y que la tradición y la historia entregaron esos mismos nombres a dos ahuehuetes que existen todavía, aunque secos ahora, han sido llamados respectivamente Juan trombón y María Patueca.
Padre Arroyo: No te queremos decir adiós por que creemos que no te vas del misterio del reino, sino que en otra dimensión, te decimos hasta luego. Solamente que completaste los senderos que nuestros antepasados han recorrido, muchos de los cuales como tú ahora, bajo estas centenarias bóvedas, recibieron el mismo “Hasta luego”. Jesús a quién has seguido, hoy te dice:”Ven bendito de mi Padre ha poseer el reino”. María del Socorro, a quién durante casi unos mil días viste en esta ilustre e insigne imagen, te dice ahora: “Entra en el reino de mi Hijo”. San Agustín cuya figura señera siempre observaste en este templo, hoy te dice también: “Un solo corazón y una sola alma”, unidad que ahora espero hayas visto y encontrado en la única mansión eterna. ¡Que el Dios de nuestros Padres, el Dios de misericordia que hemos conocido y honrado por Cristo, te acepte en la casa en la que esperamos vernos en un abrazo definitivo!.

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