Lo que se queda...
Veo que hace más de un mes que no escribo y la realidad es que no había tenido el ánimo para hacerlo. Personalmente no estoy muy bien pero poco a poco se va asomando la luz.
La semana del “grito” de independencia estuve algunos días en la tierra de mis papás ya que tuve vacaciones. Fueron pocos días, con los cuales confirmo lo mucho que me gusta estar por allá aún cuando nada sea como antes.
Estando “desparramada” en el patio de la casa de abuelita Mary observaba a mis hijos mientras jugaban y me pareció curioso observarme ahora cuidando a un par de pequeños cuando años antes yo era una de las “pirinolas” que jugaba en ese mismo patio.
Me quedo con grandes instantes aunque fueron muy breves:
Veo que hace más de un mes que no escribo y la realidad es que no había tenido el ánimo para hacerlo. Personalmente no estoy muy bien pero poco a poco se va asomando la luz.
La semana del “grito” de independencia estuve algunos días en la tierra de mis papás ya que tuve vacaciones. Fueron pocos días, con los cuales confirmo lo mucho que me gusta estar por allá aún cuando nada sea como antes.
Estando “desparramada” en el patio de la casa de abuelita Mary observaba a mis hijos mientras jugaban y me pareció curioso observarme ahora cuidando a un par de pequeños cuando años antes yo era una de las “pirinolas” que jugaba en ese mismo patio.
Me quedo con grandes instantes aunque fueron muy breves:
- Los momentos de asombro de mis niños al ver, oír y tocar cosas nuevas para ellos, entre ellos el despertador ovíparo que teníamos muy cerca de la recamara donde dormimos.
- Las risas de mis hijos y los hijos de mi prima Magui jugando en su patio.
- Los paisajes rurales de postal que llenaron mi mirada en cada momento y aunque en cierta forma son conocidos por mi, no dejan de maravillarme al inundarme de una enorme paz.
- La sensación de libertad y paz al conducir un auto por caminos rurales, llenos de silencio, verde vida y sin la histeria capitalina.
- La alegría de compartir momentos con los familiares.
