Ana Morales...
En agosto de 1990 ingresé al bachillerato al CECyT 5 "Benito Juárez" (Voca 5 Ciudadela). En aquel entonces yo tenía 14 años y originalmente me habían asignado el turno vespertino, aún antes de iniciar las clases, mi solicitud de cambio de turno había sido aceptada sin ningún problema, me asignaron al grupo 1112 (semestre 1, turno 1 y grupo 12) Era la primera vez que mi escuela quedaba a más de 2 cuadras de mi casa y que mis compañeros eran perfectos extraños.
Conforme fueron transcurriendo los días, los "grupitos" empezaron a formarse, el grupo al que pertenecí lo conformámos nueve chicas: Celia, Ana Monje, Ana Morales, Rosario, Cristina, Gisela, Elizabeth, Karol y yo. En mi subgrupo, las Anas y Rosario fueron mis mejores amigas. Un año después, al iniciar nuestra carrera técnica, Ana Morales y yo éramos de informática, Ana Monje de Contabilidad y Chayo de Mercadotecnia y aún en grupos diferentes, éramos como se suele decir "uña y mugre" y en lo posible solíamos estudiar juntas, aunque fuera minutos antes de los exámenes.
Despúes de la vocacional, al iniciar mi carrera, llegué a una escuela donde no estaban mis mejores amigas y geográficamente lejos de sus respectivas escuelas, aún así mantuvimos comunicación estrecha por un buen rato, y en algunas ocasiones nos visitábamos en las escuelas correspondientes.
En fin... ha pasado el tiempo y he sabido muy poco o casi nada de ellas, aún cuando en nuestra última reunión (hace casi 6 años) nos pusimos al tanto de nuestras vidas, tratamos de reunir al grupo original pero no fue posible. En ese entonces Ana Morales ya tenía 2 hijos, Elizabeth también ya era mamá, otras chicas ya estaban a punto de dejar la soltería y otras estábamos libres y sin compromisos.
Por la situación profesional, pero sobre todo personal, que atravesaba Ana Morales al iniciar nuestra carrera, creo que decidió empezar a alejarse de nosotras, a estas alturas no la juzgo, aunque reconozco que llegué a sentirme un poco decepcionada y triste por algunas situaciones que creí reconocer como "pintar su raya".
El lunes pasado (25 de febrero) se me hizo más temprano de lo habitual para llegar al trabajo, y aún cuando iba un poco distraída, en el trayecto de centro médico a coyoacán y por afortunada causalidad, coincidimos en tiempo, lugar y espacio dos viejas mejores amigas del bachillerato, lo cual fue un motivo de gran alegría.
Casualmente trabajamos muy cerca (a una cuadra de diferencia) ella está justo en el edificio en donde hace casi 10 años estaban las oficinas de lo que fue mi primer trabajo. Creo que el reencuentro también le alegró a ella; intercambiamos nuestros respectivos números de teléfono celular, oficina y domicilios y hasta dirección de correo electrónico "para no perder contacto" como dijo ella.
Es muy posible que esta semana (la primera de marzo) nos veamos para comer y seguro que tenemos mucho de que platicar.
Me resulta muy curioso pensar que aún cuando en aquel entonces las cuatro no teníamos teléfono celular o correo electrónico, pero estábamos mejor comunicadas que cuando ya todas unas profesionistas contábamos con estos "medios de comunicación"; es curioso pero creo que puedo contar las ocasiones en que nos hemos visto después de haber terminado la carrera. Hay algunas personas demasiado importantes en mi vida, que llegaron después de haberlas conocido a ellas y que me encantaría que se conozcan, me gustaría mucho poder saber de Chayo y Ana Monje porque hace rato que les perdí la pista.
Las tres son excelentes personas y yo soy muy afortunada por haberlas conocido.
En agosto de 1990 ingresé al bachillerato al CECyT 5 "Benito Juárez" (Voca 5 Ciudadela). En aquel entonces yo tenía 14 años y originalmente me habían asignado el turno vespertino, aún antes de iniciar las clases, mi solicitud de cambio de turno había sido aceptada sin ningún problema, me asignaron al grupo 1112 (semestre 1, turno 1 y grupo 12) Era la primera vez que mi escuela quedaba a más de 2 cuadras de mi casa y que mis compañeros eran perfectos extraños.
Conforme fueron transcurriendo los días, los "grupitos" empezaron a formarse, el grupo al que pertenecí lo conformámos nueve chicas: Celia, Ana Monje, Ana Morales, Rosario, Cristina, Gisela, Elizabeth, Karol y yo. En mi subgrupo, las Anas y Rosario fueron mis mejores amigas. Un año después, al iniciar nuestra carrera técnica, Ana Morales y yo éramos de informática, Ana Monje de Contabilidad y Chayo de Mercadotecnia y aún en grupos diferentes, éramos como se suele decir "uña y mugre" y en lo posible solíamos estudiar juntas, aunque fuera minutos antes de los exámenes.
Despúes de la vocacional, al iniciar mi carrera, llegué a una escuela donde no estaban mis mejores amigas y geográficamente lejos de sus respectivas escuelas, aún así mantuvimos comunicación estrecha por un buen rato, y en algunas ocasiones nos visitábamos en las escuelas correspondientes.
En fin... ha pasado el tiempo y he sabido muy poco o casi nada de ellas, aún cuando en nuestra última reunión (hace casi 6 años) nos pusimos al tanto de nuestras vidas, tratamos de reunir al grupo original pero no fue posible. En ese entonces Ana Morales ya tenía 2 hijos, Elizabeth también ya era mamá, otras chicas ya estaban a punto de dejar la soltería y otras estábamos libres y sin compromisos.
Por la situación profesional, pero sobre todo personal, que atravesaba Ana Morales al iniciar nuestra carrera, creo que decidió empezar a alejarse de nosotras, a estas alturas no la juzgo, aunque reconozco que llegué a sentirme un poco decepcionada y triste por algunas situaciones que creí reconocer como "pintar su raya".
El lunes pasado (25 de febrero) se me hizo más temprano de lo habitual para llegar al trabajo, y aún cuando iba un poco distraída, en el trayecto de centro médico a coyoacán y por afortunada causalidad, coincidimos en tiempo, lugar y espacio dos viejas mejores amigas del bachillerato, lo cual fue un motivo de gran alegría.
Casualmente trabajamos muy cerca (a una cuadra de diferencia) ella está justo en el edificio en donde hace casi 10 años estaban las oficinas de lo que fue mi primer trabajo. Creo que el reencuentro también le alegró a ella; intercambiamos nuestros respectivos números de teléfono celular, oficina y domicilios y hasta dirección de correo electrónico "para no perder contacto" como dijo ella.
Es muy posible que esta semana (la primera de marzo) nos veamos para comer y seguro que tenemos mucho de que platicar.
Me resulta muy curioso pensar que aún cuando en aquel entonces las cuatro no teníamos teléfono celular o correo electrónico, pero estábamos mejor comunicadas que cuando ya todas unas profesionistas contábamos con estos "medios de comunicación"; es curioso pero creo que puedo contar las ocasiones en que nos hemos visto después de haber terminado la carrera. Hay algunas personas demasiado importantes en mi vida, que llegaron después de haberlas conocido a ellas y que me encantaría que se conozcan, me gustaría mucho poder saber de Chayo y Ana Monje porque hace rato que les perdí la pista.
Las tres son excelentes personas y yo soy muy afortunada por haberlas conocido.

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