El coro...
Hace ya un rato que no actualizo este blog, desafortunadamente no había tenido ánimos para hacerlo y aunque personalmente no paso por el mejor momento, creo que es hora de escribir.
En los últimos días no he podido evitar acordarme de tiempos en los que mis actividades eran muy diferentes a las actuales. Influenciada por la familia por un lado y por otro por lo que yo llamaría la ‘predisposición genética’, pero definitivamente, parte de mi personalidad se vio marcada por esa época, de la cual escribiré:
Desde que yo recuerdo mis papás (y mi familia en general) han sido personas muy fervorosas y por lo tanto a nosotros (es decir a mis hermanos y a mi) nos educaron en ese ambiente. Yo tenía 8 años de edad cuando me nació un interés bastante fuerte por pertenecer a un coro y le apunté directamente a un coro integrado por bastante gente (se llamaba Mar Adentro), el cual a su vez tenía una ‘división’ de voces infantiles, ese coro fue seguramente el más numeroso que ha tenido la parroquia. Al igual que los otros coros, no era profesional y la gente que asistía lo hacía por gusto. Así que fui, pregunté y me aceptaron. Alrededor de los 12 años ‘aprendí’ a medio tocar la guitarra y aunque según tenía facilidad, a mi lo que me gustaba era cantar, así que a diferencia de mi hermano Poncho, quien siguió practicando guitarra, yo opté por el instrumento vocal.
El coro estaba estructurado de tal forma que contaba con 3 grupos: El de los niños (camino verdad y vida), los adolescentes (no me acuerdo cómo se llamaban) y el de los ‘grandotes’ (base). Y se rolaban algunos de base para hacer actividades con los niños, lo cual a mi me agradaba bastante. Como todo grupo y sus etapas, base fue quien primero desapareció y casi a la par los adolescentes, los niños fuimos quienes permanecimos hasta muuucho tiempo después; hubo varios ‘Directores’ y Poncho fue el último, hasta que se tomó la decisión democráticamente de cerrar el ciclo del grupo.
Escribí 'predisposición genética' porque mi mamá también anduvo en esas ondas musicales cuando era soltera, por lo que se, ella era 'cantora' y también llegó a tocar la guitarra.
Fue en 2000 cuando se me ocurrió formar un coro ‘nuevo’, así que con el apoyo de mi hermano Poncho y gran parte del grupo de jóvenes al que pertenecía (Pax Crhisti) me lancé a la aventura de formar y dirigir un coro. Inicialmente y por necesidad (bueno al principio) tuve que tocar la guitarra porque mi hermano Poncho decidió adentrarse en el mundo del bajo eléctrico, así que aunque no fui un 'Paco de Lucía' no lo hacía tan mal, me apliqué bastante y hasta compuse tres cantos (bueno dos y medio porque uno fue con apoyo de Poncho). Musicalmente hablando creo que tengo facilidad, pero la teoría musical no se me da mucho, o sea que como José Alfredo Jiménez, compuse de a silbidito, creo que el resultado fue bueno.
Dedicaba gran parte de mi tiempo libre para compilar cantos, buscar arreglos, organizarlos en los tiempos liturgicos y para ensayar sola o con todos los integrantes, incluso para diseñar el cancionero (que de hecho está en algún lugar del ciber espacio). Poco a poco se integraba gente y nos esforzábamos por mejorar la técnica vocal, adoptamos varios ejercicios de vocalización que creo que funcionaron bastante bien.
Durante ‘mi época’ hubo varios momentos gloriosos, pero el que me llevaré por siempre en mis recuerdos será la pascua de 2004, en la que el rector del seminario de la diócesis, quien apoyaba a nuestro entonces parroco, nos pidió orquestar uno de los momentos más importantes de la celebración de la liturgia de resurrección, personalmente fue uno de los momentos más sublimes que he vivido y musicalmente creamos lo que siempre teníamos como meta: que la gente se ‘subiera a la nube’, fue muy emotivo. Meses después, me despedí del coro, y aunque ya no era la 'directora', apoyé hasta donde pude con la guitarra y voz y eso fue una semana antes de que naciera Iván.
Recuerdo con mucho cariño a gente entusiasta que apoyó de manera muy fuerte al coro y que gracias a eso, los resultados fueron muy buenos: mis hermanos Poncho y Beto así como Fer y Roberto Carlos apoyaron bastante en la cuestíón musical; Deya, Abraham, Lupita, Betito, Kari y mi hermana Elia fueron sin duda fueron las voces base. También mucha gente que duró poco pero que recuerdo con mucho cariño. Esto me marco parte de mi persona y por lo mismo y a pesar de todo, nunca lo voy a olvidar.
Hace ya un rato que no actualizo este blog, desafortunadamente no había tenido ánimos para hacerlo y aunque personalmente no paso por el mejor momento, creo que es hora de escribir.
En los últimos días no he podido evitar acordarme de tiempos en los que mis actividades eran muy diferentes a las actuales. Influenciada por la familia por un lado y por otro por lo que yo llamaría la ‘predisposición genética’, pero definitivamente, parte de mi personalidad se vio marcada por esa época, de la cual escribiré:
Desde que yo recuerdo mis papás (y mi familia en general) han sido personas muy fervorosas y por lo tanto a nosotros (es decir a mis hermanos y a mi) nos educaron en ese ambiente. Yo tenía 8 años de edad cuando me nació un interés bastante fuerte por pertenecer a un coro y le apunté directamente a un coro integrado por bastante gente (se llamaba Mar Adentro), el cual a su vez tenía una ‘división’ de voces infantiles, ese coro fue seguramente el más numeroso que ha tenido la parroquia. Al igual que los otros coros, no era profesional y la gente que asistía lo hacía por gusto. Así que fui, pregunté y me aceptaron. Alrededor de los 12 años ‘aprendí’ a medio tocar la guitarra y aunque según tenía facilidad, a mi lo que me gustaba era cantar, así que a diferencia de mi hermano Poncho, quien siguió practicando guitarra, yo opté por el instrumento vocal.
El coro estaba estructurado de tal forma que contaba con 3 grupos: El de los niños (camino verdad y vida), los adolescentes (no me acuerdo cómo se llamaban) y el de los ‘grandotes’ (base). Y se rolaban algunos de base para hacer actividades con los niños, lo cual a mi me agradaba bastante. Como todo grupo y sus etapas, base fue quien primero desapareció y casi a la par los adolescentes, los niños fuimos quienes permanecimos hasta muuucho tiempo después; hubo varios ‘Directores’ y Poncho fue el último, hasta que se tomó la decisión democráticamente de cerrar el ciclo del grupo.
Escribí 'predisposición genética' porque mi mamá también anduvo en esas ondas musicales cuando era soltera, por lo que se, ella era 'cantora' y también llegó a tocar la guitarra.
Fue en 2000 cuando se me ocurrió formar un coro ‘nuevo’, así que con el apoyo de mi hermano Poncho y gran parte del grupo de jóvenes al que pertenecía (Pax Crhisti) me lancé a la aventura de formar y dirigir un coro. Inicialmente y por necesidad (bueno al principio) tuve que tocar la guitarra porque mi hermano Poncho decidió adentrarse en el mundo del bajo eléctrico, así que aunque no fui un 'Paco de Lucía' no lo hacía tan mal, me apliqué bastante y hasta compuse tres cantos (bueno dos y medio porque uno fue con apoyo de Poncho). Musicalmente hablando creo que tengo facilidad, pero la teoría musical no se me da mucho, o sea que como José Alfredo Jiménez, compuse de a silbidito, creo que el resultado fue bueno.
Dedicaba gran parte de mi tiempo libre para compilar cantos, buscar arreglos, organizarlos en los tiempos liturgicos y para ensayar sola o con todos los integrantes, incluso para diseñar el cancionero (que de hecho está en algún lugar del ciber espacio). Poco a poco se integraba gente y nos esforzábamos por mejorar la técnica vocal, adoptamos varios ejercicios de vocalización que creo que funcionaron bastante bien.
Durante ‘mi época’ hubo varios momentos gloriosos, pero el que me llevaré por siempre en mis recuerdos será la pascua de 2004, en la que el rector del seminario de la diócesis, quien apoyaba a nuestro entonces parroco, nos pidió orquestar uno de los momentos más importantes de la celebración de la liturgia de resurrección, personalmente fue uno de los momentos más sublimes que he vivido y musicalmente creamos lo que siempre teníamos como meta: que la gente se ‘subiera a la nube’, fue muy emotivo. Meses después, me despedí del coro, y aunque ya no era la 'directora', apoyé hasta donde pude con la guitarra y voz y eso fue una semana antes de que naciera Iván.
Recuerdo con mucho cariño a gente entusiasta que apoyó de manera muy fuerte al coro y que gracias a eso, los resultados fueron muy buenos: mis hermanos Poncho y Beto así como Fer y Roberto Carlos apoyaron bastante en la cuestíón musical; Deya, Abraham, Lupita, Betito, Kari y mi hermana Elia fueron sin duda fueron las voces base. También mucha gente que duró poco pero que recuerdo con mucho cariño. Esto me marco parte de mi persona y por lo mismo y a pesar de todo, nunca lo voy a olvidar.

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